martes, 14 de mayo de 2013

Subcampeones de Catalunya de triatlón por equipos


El Sol dudaba y algunas atrevidas gotas de agua caían desafiándolo. Eran las 8:30 de la mañana. Llegamos temprano al Prat. Núria, Marta y Carles me acompañaron y me ayudaron con toda la logística. Ya había algunos equipos calentando en el movido mar pratense. Los aviones decoraban un gris cielo, aunque empezaba a romperse el espeso techo de nubes que lo cubrían.

Decenas de triatletas del Prat con sendas sudaderas azules estaban levantando cada una de las zonas importantes: boxes, avituallamientos, cámara de llamadas... Os aseguro que en los días previos la bandeja de correo de cada uno de los miembros del equipo echaba humo. Para organizar un evento de tal magnitud es necesaria una comunicación perfecta y una solidaridad que convierte a este club en “més que un club”. Como siempre su voz, amplificada por la electrónica de consumo, era omnipresente. El gran Dobaño siempre está.

Debido a la etiqueta de vigentes campeones de la liga catalana de triatlón fuimos los últimos en salir. Dorsal 77. Sin tiempo para calentar (de hecho a duras penas fui capaz de enfundarme el neopreno correctamente) entrábamos en la cuenta atrás del último minuto ya en las órdenes de la juez de salida. La última media hora antes de llegar allí pasó en un abrir y cerrar de ojos. Fue incluso caótica. De todas formas hubo un error flagrante en los cálculos de tiempo. No pude ni ejecutar unos míseros ejercicios articulares para preparar los 750 metros de natación. Primeras brazadas y la idea de ir en bloque se esfumó al instante. En menos de 50 metros los hombros me dolían como nunca; los brazos perdieron su más que entrenada agilidad y rapidez; las piernas restaban inmóviles, pesadas, saturadas. Mis cinco compañeros avanzaban con gran fluidez y solidez a través del picado mar, en cambio a mi las olas se me atragantaban. Era como si el mar me rindiese cuentas. Mientras Richard y Raúl restaban atentos a mis movimientos, combinando los estilos de crol y espalda, Julio (nuestra luz en el mar), Sergio y Rodrigo abrían camino. 

 (Salida - Foto: ISART)

Eternos fueron esos minutos dentro del agua. Sufrí. Mucho. Demasiado diría.

Fue subir a la bici y abandonar esa agónica sensación. Para mí todo iría a mejor. Segurísimo. Hicimos una transición correcta y enfilamos a por la primera de las tres vueltas. Empezamos entrando todos en los relevos mostrando un gran entendimiento, pero a medida que iban cayendo los kilómetros, Richard, Rodrigo y un servidor cargamos con el peso del sector. Con tal de liberar esa tensión acumulada en el agua intentaba ofrecer relevos generosos. Como avanza esa ISAAC. Esos momentos, cuando lideraba el grupo, me hacían sentir importante. Un sentimiento que se podría plasmar en palabras: “Mi fuerza es vuestra fuerza, compañeros”. El viento fue protagonista durante toda la mañana y donde más se hacía notar era sobre las dos ruedas. Richard ofrecía doctorados encima de su SCOTT y Rodrigo bailaba un vals montando su MERIDA. Lo pasaba bien, muy bien.

(En formación - Foto: ISART)


 (Antes de entrar a la T2 - Foto: ISART)

Desafortunadamente Julio se vació en bici y finalmente no pudo llegar a la T2 con el grupo. Ya solo faltaban 5 km a pie. Salí un poco rezagado y me tocó apretar los dientes para enganchar. Raúl y Richard se encargaron de dirigir esos primeros compases sobre el seco asfalto. El ritmo era fuerte. Sergio cedió unos metros que ya le fueron imposibles de recuperar. La frecuencia y amplitud de zancada no podían disminuir, Richard y ahora Rodrigo no nos dejaban. Se exigían, nos exigían a Raúl y a mí. En el km 2’5, justo al empezar el segundo giro, tuve un momento de debilidad. La exigencia era inmensa. Pero con una mirada a la derecha, en el carril bici, donde mi padre seguía la evolución de la carrera encima de su Diamond Back, recuperé la alegría. No le hizo falta articular ninguna palabra para decirme lo que quería oír.

(Primera vuelta - Foto: ISART)


 (Llegada: Rodrigo, Sergio, Raúl, Julio, Antolí, Richard)

Cruzamos la línea de meta en una fantástica segunda posición, solo superados por el poderoso Fasttriatlon de Albert Parreño, unas máquinas de hacer triatlón. Tercero finalizó el C.N. Mataró.

(Podio masculino - Foto: ISART)

A nivel personal quedé muy decepcionado con mi natación. Quiero pensar que solo fue fruto del nulo calentamiento. A la vez, me supo mal por el equipo, perdí unos segundos muy valiosos. De todas formas, y siendo optimista, lo que vino después no estuvo del todo mal.

CN Prat-Triatló, un trabajo excelente. Una vez más matrícula de honor.

Carles, unas fotos de museo.

Núria, ya eres toda una PRO del triatlón.

Bilbao nos espera. Las cartas ya están encima de la mesa, aunque de momento boca abajo.

viernes, 12 de abril de 2013

Primera cita de 2013: ICAN Málaga

“Núria y Richard, mirad, éste que esta allá sentado se parece a mi hermano… jejeje…” (…un momento…pero si…) “Què collons fas aquí BRO?” Una pregunta de lo más oportuna seguida de un abrazo y de una sonrisa de oreja a oreja. Efectivamente, mi hermano y Andrea decidieron acercarse a la Europa más meridional para apoyarme en el debut triatlético de la temporada. Una batidora mezcló la felicidad, el nerviosismo, la sorpresa, la emoción, la ilusión en mi cuerpo. El viaje empezó de una forma inesperada. Única.

(Momentos antes de tomar el avión. Con Núria y Richard)

Sumamos, todos, un diez en logística. 5 personas, tres hoteles, dos bicis, 5 maletas, dorsales, entrenamientos… Realmente difícil de gestionar pero hace falta mucho más para que nos desbordemos. Ni el contratiempo de reventar un tubular a la otra punta de Málaga pudo, en este caso, con Richard y un servidor. Bajo un Sol que ya dejaba entrever el calor veraniego, encontramos una tienda de bicis de un chico rumano, ex­profesional de la MTB, que muy amablemente nos atendió. Me prestó una rueda y se ofreció a cambiar el tubular por la tarde (abriendo expresamente) para que pudiera entrar en boxes a tiempo. De tanto en cuanto uno encuentra gente especial, buena, que vale la pena.

(Pistoleros)

La salida del ICAN Málaga estaba dividida en dos bloques: los PRO’s quedaban adelantados unos cinco metros con respecto a los GRUPOS DE EDAD (por así decirlo). Había TOP’s (desafortunadamente no “models”) allá donde mirabas: Calle, Blanchart, Alfaro, Ward, Rodríguez, Tejero… Tuve la fortuna de obtener un gorro blanco para poder empezar con ellos. ¿Ventajas? Librarse de los primeros golpes de la temporada. Unos 200 metros muy limpios hasta la primera boya me colocaron en una posición adelantada. Una sola vuelta rectangular con dos rectas larguísimas daba un perímetro a nadar de unos 2,2 km. En la primera de ellas el grupo se estiró exageradamente. Un par de escapados (según me han contado) e inmediatamente después se formó el primer grupo. Pocos metros me separaban de los últimos pies elegidos. Ellos un tren a vapor entero, yo, una vagoneta a pedales. Mientras se desfragmentaba el grupo, esa soñada estela se desvanecía. Los 1500 metros restantes los nadé en solitario. Una lástima. De todas formas, iba recortando metros a un triatleta despistado y nos jugamos al sprint ser el primero de los dos en tocar tierra (que afán competitivo…). Desafortunadamente no se puede ganar siempre… 18º me cantaron.

(Momentos antes de la salida)

Una rápida T1 me catapultó encima de la ISAAC. Que placer poderla exhibir en competición. Atractiva, agresiva, rápida. 3 giros en un circuito de ida y vuelta con solo un par de repechos se traducía en velocidades de vértigo. Siempre acoplado. A pesar de que devorábamos km a toda velocidad, nadie se vislumbraba en el horizonte. En cambio por la retaguardia pasaban como aviones: Rodríguez, Ward, Ortega, Vila, Almagro… Encima de la bici hay que saber sufrir y ahora, des de la distancia temporal, admito que no lo supe hacer. Perdí ruedas sabedor de que era capaz de mantenerlas. Afrontando ya los últimos 30 km un grupo de 7 u 8 triatletas me absorbió. Seguramente no asistieron nunca a clase de física, o de matemáticas, porqué ninguno de ellos tenía claro lo que son 10 metros. Era un descontrol. Adelantamientos y cruces muy justos me sacaron de quicio, teniendo que retroceder 10 años en el pasado para encontrar una palabra malsonante en francés para que me entendieran. Sobreviví.

(El viento fue protagonista. Había que ir acoplado)

Por otra parte, Gustavo Rodriguez entonó una melodía perfecta sobre su bici y se marchó en solitario restando más segundos al cronómetro que nadie. Richard, por su lado, estaba bien situado en el TOP5 junto a Blanchart y Alfaro.
Una T2 ligera y una primera vuelta a pie fulgurante (de las cuatro programadas) me permitieron avanzar de la casi 30º posición a la 17º. Todo funcionaba bien. De poder aguantar ese ritmo (evidentemente, en ningún caso el mismo que impuso Blanchart para intentar cazar a Rodríguez) hubiese estado más cerca del TOP10. Las fuerzas empezaron a mermarse a la segunda vuelta, seguidas por una recuperación progresiva en la tercera, y una cuarta donde pude echar el resto pasando a Raso y a Almagro. A falta de 500 metros Oriol me lo recordó: “¡Disfrútalo!”. Que con el esfuerzo a uno se le olvida. Y corrió a mi lado hasta casi el arco de meta. ¡16º!

(Recuperando posiciones)

Fue un alivio cruzar la meta. Pero es en este momento cuando uno se da cuenta del porqué de tanto entrenamiento. Si durante la carrera llegas a preguntarte si tanto sufrimiento vale la pena, cuando cruzas el cronómetro del arco ya te cuestionas cuando va a ser la siguiente.
Finalmente Rodríguez fue capaz de aguantar las embestidas de Blanchart. El podio lo completó el inglés Skipper. Richard, por su lado, volvió a deslumbrar con su clase entrando en una increíble 6º posición siendo muy regular en todos los sectores. Nunca falla. Felicitar también a Lluís Vila por su meritorio TOP10. Este hombre se sale en corta y en larga distancia. Por cierto, una organización impecable. Un evento perfecto.


La 16º posición ha ido incrementando su valor con el paso de los días. Me permite soñar, dejémoslo aquí. Hay que seguir siendo constante y metódico, y continuar sacrificando en la justa medida la vertiente más personal de la vida para seguir progresando. Al final, no tiene secreto.

(Oriol y Andrea)

Mención especial a Núria, que debutó en un triatlón, tanto como a espectadora como a mochilera de un triatleta bastante pesado. Su soporte, como el de Oriol y Andrea, fue muy importante. Merci beaucoup Oriol et Andrea pour votre visite, une merveilleuse surprise. Y como no agradecer al compañero de viaje, que además de todo lo que es, es un gran triatleta.Volveremos a Málaga Richard.

(Una foto que vale mucho)

jueves, 4 de abril de 2013

ICAN Málaga

Cierro los ojos, pienso en Málaga y se me ilumina la cara. El rostro se relaja y se entrevé una sonrisilla en mis labios. Mi mente viaja unos 8 años atrás para recordar el fantástico viaje que disfrutamos unos jóvenes de Sant Hilari con muchas ganas de comernos el mundo. Las primeras vacaciones entre amigos. La primera experiencia adulta (entiéndase como sin la figura de ninguna persona mayor). ¿La moraleja a la vuelta? “Hay que repetir”.
 
(La foto del viaje: Xavi Torres, Xavi Geli, Dani Valverde, un servidor,
Oriol Fauria y Gerard Guiu)
 
Una relación con la ciudad fugaz, intensa y sincera.
 
Y ahora, después de desearlo, nos volvemos a encontrar. Esta vez la naturaleza de la visita es distinta, aunque el fondo es el mismo: el placer, la ilusión. Así, este próximo fin de semana la ciudad se vestirá de gala, aun resacosa de las procesiones de semana santa, para albergar el ICAN Málaga, triatlón de media distancia que abre la temporada.
 
El cartel, de lujo, hace prever unos duelos gigantes. Aunque ante todo y ante todos destacaría a una figura: Richard Calle. Un ejemplo de humildad. El ejemplo de que estar con los mejores a pesar de trabajar 8 horas diarias es posible. El T&T (Teacher and Triathlete) llega fuerte.
 
Cada entrenamiento de este invierno ha estado forjado cuál espada de la Edad Media; cada km, cada metro, luchado contra la fatiga profesional del día a día. Siempre hay dudas, siempre las habrá, pero el convencimiento de que el trabajo dará sus frutos está presente. En todo esto Alvaro Rancé tiene gran parte de culpa. Su guía es imprescindible.
 
Además, la temporada empieza con una nueva arma adquirida con la colaboración de Vitalnutritech (des de aquí les agradezco el esfuerzo). Y… la bondad de Carlos López, las ruedas son fantásticas.
 
(Isaac Muon TT)
 
Todo está listo. Núria también. Prepárate Málaga.

jueves, 14 de marzo de 2013

Corredor de nuevo

Ni más ni menos que 9 semanas son las que han transcurrido después de esa primera molestia. Estaba siendo el mejor entrenamiento de carrera a pie de la temporada. Los minutos pasaban a la velocidad de los segundos: 15; 30; 45; 60… El que hubiese sido un ritmo exigente en la fase más temprana de la pretemporada, estaba resultando sorprendentemente cómodo. Ágil como una pantera. Pero por causas aún desconocidas (o quizá solo descifrables para Iker Jiménez), y ya enfilando hacia la codiciada ducha, un ligero dolor que apareció de la nada me obligó a parar.
 
Tanteo. Dolor. Tanteo. Dolor.
 
“No pasa nada”, pensé. Y seguí sin darle más importancia.
 
No sé si la decisión de continuar fue determinante negativamente hablando, pero sí, el proceso de recuperación se me ha hecho muy largo. 9 semanas son 63 días, 1512 horas, 90720 minutos… Una gran cantidad de valioso tiempo… Además, a esa posible causa, hay que sumarle la participación al duatlón del Prat un mes después, en el que inevitablemente corrimos rápido (lo volvería a hacer…).
 
De todas formas, y visto ahora des de la perspectiva que te ofrece el sofá y con ciertos toques de optimismo (valor que perdí durante el periodo de la lesión) el dolor en el extremo inferior de la fascia lata, o más comúnmente conocido como el síndrome de la cintilla del corredor, te da tregua en la piscina y sobre las dos ruedas. Es decir, uno puede entrenar estando lesionado.
 
Así, a pesar de no haber podido entrenar a pie, sí he podido acumular varios centenares de km en bici; disfrutando a veces de la compañía (Richard, Carlos, Zanu, Alberto, Lluís…), o por lo contrario, sufriendo a solas con el negro alquitrán.
 
En las sesiones de natación más de lo mismo.
 
Sea como fuere, lo más importante ahora es que: ME SIENTO CORREDOR DE NUEVO.
 
Cámara y soporte: Núria Iturbe

martes, 5 de febrero de 2013

Subcampeones no legítimos


“Ya estamos otra vez”, pensé, “Empieza otra temporada…”. Un ambiente como el de las grandes ocasiones daba la bienvenida a los más de 600 duatletas (repartidos en 125 equipos) que participarían en el duatlón del Prat de Llobregat. Otra vez la cita pratense otorgaba el título de campeón de Catalunya masculino y femenino de duatlón por equipos.
 
Correr en casa es especial. Cada ánimo, cada aplauso, te empuja más allá de tu límite físico momentáneo. Esta vez, sumado a la necesaria presencia de mi padre, estuvo allí Núria. Alguien muy especial.
 
Salimos a un ritmo controlado. Los Rubén (Barrio y Martin), dos de los mejores atletas del club, se encargaron de sacar el metrómetro y marcarnos el camino a seguir durante el primer segmento de carrera a pie. Su papel era clave, y su misión rasa y clara: exigirnos sin destrozarnos (la adrenalina por correr en casa era una arma de doble filo). Dice la biblia del triatlón que las carreras con este formato se ganan durante los 20 km de ciclismo, y que es importante llegar con todos tus enteros para afrontarlos lo más rápido posible. Cuatro vueltas eran necesarias para completar los casi 5 km antes de entrar en la T1. Finalmente, y a pesar de unas pequeñas, y valga la redundancia,  molestas molestias físicas, pude aguantar con solvencia este primer tramo del duatlón.
 
(Concentración máxima) - FOTO: Carles Iturbe
 
El viento se erigió como protagonista desde que llegamos. Su poderío se intuía por el frio bailar de las banderas de los patrocinadores de la prueba. Los meteorólogos ya lo avisaron. Así, uno de los peores enemigos del ciclista ejercía de juez de paz. Una vez nuestros pies se enfundaron dentro de las zapatillas y los “velcros” estuvieron apretados, nuestra concentración se iba transformando poco a poco en ímpetu. En ansiedad. Las ganas de avanzar eran tales que Rubén Martin, en una curva que trazamos a toda velocidad, perdió un par de metros imposibles de recuperar. No podíamos mirar atrás. No debíamos hacerlo. Los relevos se sucedían: Richard, Lucas, Cristian y un servidor entrábamos al paso de una marcha militar. Devorábamos la carretera cual león a una gacela. La obsesión era avanzar. Sufrimos todos. Cuando durante la carrera llegas a odiar a tus compañeros significa que el grupo camina por la buena senda. Destacar por enésima vez el rol de nuestro buque insignia, Richard Calle. Su simple presencia hace que todos entreguemos lo mejor de nosotros. Rubén Barrio, por su parte, se mantenía a nuestra estela. El debía guiarnos en la última carrera a pie.
 
(Lucas dejandose la piel) - FOTO: Carles Iturbe
 
(En formación) - FOTO: Carles Iturbe
 
Un último relevo estratosférico de Cristian nos impulsó hacia la T2. Ya poco importaban el llorar de gemelos y el gritar de los cuádriceps. Junto a Richard, Rubén y Lucas, teníamos la misión de poner la guinda a nuestra carrera. La victoria era factible. Solo segundos serian la diferencia entre el CN Reus y nosotros. Lucas, con un trabajo portentoso sobre las dos ruedas, estaba realizando un esfuerzo tremendo; Rubén nos ofrecía su rebufo; Richard en su línea; y un servidor disfrutaba del momento tanto como el ácido láctico lo permitía.
 
(Intentando marcar el ritmo) - FOTO: Carles Iturbe
 
Llegábamos a meta, “últimos metros, hay que disfrutarlos”. Rubén nos pidió el esfuerzo final. Íbamos tras él, y la euforia por completar esa hora de agonía máxima provocó que se equivocara. En lugar de dirigirse al arco de meta, tomaba rumbo hacía una nueva vuelta. Le avisamos y rápidamente, dándose cuenta de su error, hizo lo que todos hubiésemos hecho: saltar la valla que separaba el seguir sufriendo de la gloria. Tuvimos que esperarle unos segundos para cruzar el arco todos juntos. Nos fundimos en un abrazo.
 
(La felicidad después del trabajo bien hecho) - FOTO: Carles Iturbe
 
Los pronósticos se cumplieron, solo 15 segundos nos separaron de un gran CN Reus, que con tan solo 4 efectivos se alzaba con la victoria final.
 
Mientras disfrutábamos del momento de calma que sigue a la tempestad física, un rumor circulaba por la muchedumbre. Un rumor que a los minutos se confirmó: estábamos descalificados. Reglamento en mano, lo merecíamos; nadie puede saltar una valla. De todas formas lo que verdaderamente impulsó a los jueces a tomar esa decisión fue la reclamación de algunos equipos. Tengo poco que opinar al respecto. Cada uno es dueño de sus acciones. Todos sabemos lo que pasó, incluso los que vieron mala fe (por decirlo de alguna forma) en saltar el obstáculo. Por suerte para nosotros, la temporada te da muchas más oportunidades para mostrar lo que vales.
 
Sea como fuera, en la pista somos Subcampeones de Catalunya de duatlón por equipos.
 
Otra vez, y ya van muchos años, el CN Prat - Triatló mostró su cara más seria y profesional para organizar un evento de tales magnitudes. Solo unos pocos podemos disfrutar de la carrera por muchos que velan para que todo salga a la perfección. Cada año nuestra prueba viste de gala al duatlón catalán. Debo mencionar un nombre; el hombre del micro; el hombre que lo coordina absolutamente todo; el gran hombre del club; Víctor Dobaño, gracias.
 
Felicitar a todos los equipos que participaron y en especial a los del Prat.
 
Finalmente, agradecer profundamente las instantáneas que se sacó de la cámara Carles Iturbe (hermano de Núria). Al igual que por su compañía y la de su pareja, Marta.
 
La primera de muchas para este 2013.