viernes, 4 de enero de 2013

Sant Silvestre de Berga

No me voy a equivocar si digo que el 31 de diciembre es el día con más carreras simultáneas en toda la península, y consecuentemente se convierte en el día en el que más atletas se echan a las calles para correr. El carácter lúdico-festivo de las San Silvestres, sumado al post banquete rodeado de familia y/o amigos para despedir el año, las convierten en unas carreras especiales.

En los últimos tres años la elegida siempre había sido la de Girona. Una carrera de 5 km caracterizada porque la mayoría de atletas y triatletas de la provincia se reúnen para probarse. Siempre es interesante medirte con los mejores de tu zona.

A pesar de eso, este 2012 lo despedí des de otra cota geográfica (tanto en el ámbito deportivo como en el personal). Así, pasé unos magníficos días con la mejor de las compañías en la parte más septentrional de una comarca con historia, el Berguedà.

Ya centrándonos en lo estrictamente deportivo, la capital de la comarca, Berga, acogió la 13ª edición de su San Silvestre. Los atletas estábamos citados a la línea de salida a las 18.30. Antes pero, surgió la brillante idea de uno de los miembros de este staff nuevo que me acompañó y acabamos todos con los cuernos del reno Rudolf en la cabeza (lo dicho, una carrera lúdico-festiva…).

(Salida)

Puntualmente, y de una forma muy original, un trabuco dio el pistoletazo de salida. Como es habitual en este tipo de carreras populares, no es hasta bien entrado en el km 1 donde uno puede analizar el estado de la misma, intuir como se desarrollará o estudiar a los rivales. Los corredores más imprudentes tienen tendencia a dar demasiado en los primeros metros, y poco a poco la exigencia del ritmo les pasa factura. Así, ese primer 1000 dejó en cabeza a 6 atletas. El instante me reclamaba paciencia, debía quedarme a la expectativa aprovechando la ventaja de ser el desconocido. Los cuernos, un complemento puramente estratégico, ayudaban a que pasase desapercibido. En otro momento, y sintiendo ese ímpetu y esas ganas en el tren inferior, hubiese decidido tirar del grupo. Esta vez no, por fin la experiencia empieza a dar muestras de poder y de control. Sobre el km 2,5 el pequeño pelotón cambió de líder. Dos atletas del Club Atlètic Berga dejaban entrever sus intenciones. Su agilidad, su cadencia, su vestimenta, dibujaban auténticas máquinas de correr. “Ese es mi tren” pensé. El ritmo sostenido, se convertía en más y más exigente por la fatiga acumulada. Era el momento de mover ficha y escalé en el grupo para buscar el rebufo de los co-líderes del momento. “Buena elección, ahora a sufrir” pude coordinar en mi mente. En ningún momento miré atrás, ese es un signo de debilidad y por tanto, un input positivo para los que precedes. El Garmin me avisó de que solo quedaba un km para meta. Mi cara de póker hacía dudar a los atletas del Berga, que se giraban para ¿mirar mis cuernos de Rudolf?... Vete a saber... Desafortunadamente para mí, una última subida a falta de unos 500 metros me impidió luchar en el sprint final a tumba abierta. A pesar de eso, la pérdida de metros permitió que pudiese disfrutar y saborear este sorprendente tercer puesto.

(Festejando el podio)

A lo que a tiempo se refiere, paré el crono en 16’08’’, muy cerca del tiempo del año pasado en la San Silvestre de Girona en la que bajé por segundos de 16’, siendo la de Berga un poco más dura en el recorrido.

Ese es el camino.

Una forma muy bonita para finalizar un gran 2012.

jueves, 27 de diciembre de 2012

A la carga LITERARIA otra vez

Dicen que a medida que sumas años a tu espalda, el tiempo transcurre a mayor velocidad. Esto es algo que físicamente no se puede explicar pero que padres y abuelos constantemente repiten. Pues algo parecido me ha pasado estos últimos 4 meses. En un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en las Navidades sin que haya podido actualizar mi espacio en la red. A lo largo de este cuatrimestre ha habido novedades. Para hacerlo bien, debería exponerlas en entradas distintas, pero como ya tengo 26 años (y la sensación de ser un poco más viejo) me esconderé en lo dicho anteriormente: el tiempo pasa demasiado rápido. Repasemos:
 
1.- Después del buen resultado en el Extrememan Menorca quedó tiempo para una última competición. Así la temporada 2012 se cerró en la Casa de Campo de Madrid con el Campeonato de España Sprint. Allí se juntó otra vez la bueno y mejor del triatlón nacional para disputarse la última corona de campeón de España. A nivel personal, a pesar de mi memoria, recuerdo que pude completar un buen sector ciclista y una muy aceptable carrera a pie para cruzar la línea de meta en la 34ª posición final. Fue un gran fin de semana junto a una pequeña comitiva del CN Prat. Definitivamente, una forma fantástica de despedir la campaña triatlética.
 
(Antes de entrar a meta)
 
2.- Cuando acaba una temporada es necesario e importante realizar un balance ya no solo con el fin de trazar el plan para la siguiente, sino para recordar y darse cuenta de lo duro que ha sido llegar hasta donde se ha llegado, y, por qué no, para sonreír después del sacrificio de 11 meses entrenando día tras día.
 
La temporada 2012 me ha permitido crecer mucho. Gran parte de la culpa es de Pacho Ayaso, el que era mi entrenador, pero que siempre fue más que solo esa figura. Debutamos en la media distancia y nos llevamos dos grandes alegrías con la 4ª posición en el B de Banyoles y la 5ª del Extrememan Menorca. Pasamos por momentos malos, los pequeños problemas físicos de enero y el abandono en el triatlón del Pont de Suert. Pero de todos ellos, de los buenos y los no tan buenos, pudimos extraer lo positivo para continuar entrenando y seguir mejorando.
 
(5ª posición en Menorca)
 
Una de las decisiones más complicadas de tomar fue la del cambio de entrenador. Sentía que tocaba buscar nuevas formas de entender nuestro deporte, para aprender más sobre los secretos del entrenamiento.
 
Des de aquí solo me queda agradecer a Pacho todo eso que me ha enseñando más allá de las sesiones de la hoja de entrenamientos. Eso ya es mío.
 
¡Gracias Pacho!
 
3.- La preparación para la temporada 2013 la he empezado con mi nuevo guía, Álvaro Rancé. Un entrenador contrastado que, por ejemplo, formando tándem con el extraterrestre Richard Calle, han llegado a pruebas internacionales con la selección nacional. Mi confianza en él es ciega. Intentaremos hacerlo lo mejor posible. De momento todo va viento en popa.
 
Para más información, su web: ÁLVARO RANCÉ
 
4.- En lo que va de otoño/invierno he participado en un par de carreras de campo a través. La primera tuvo lugar en la localidad gironina de Salt. Era un circuito ya conocido: llano, muy revirado y con cambios constantes en el tipo de firme (hierba, barro, terreno seco…). Como siempre, muchos de los atletas de la provincia aprovecharon la ocasión para seguir preparando sus inminentes desafíos y el nivel de la prueba era muy correcto. Pude entrar en el TOP 10 después de mantener el tipo hasta el final.
 
(A rueda de Salvador Ciurana)
 
5.- La segunda carrera de campo a través fue la disputada en Sant Boi de Llobregat. Hasta allí nos desplazamos Álvaro, Isa, Richard, Carlos, Sergio y un servidor para ponernos las cosas difíciles entre nosotros. Sufrí. Álvaro me propuso intentar seguir a los primeros. Así lo hicimos aunque yo solo durante la primera vuelta. A partir de ahí, las 3 siguientes para completar los 8 km se me hicieron eternas. Richard, Carlos y Sergio venían por atrás y los 5 prácticamente quedamos clasificados consecutivamente. ¿Mi posición final? 5º.
 
Una forma divertidísima de disfrutar un domingo por la mañana.
 
(Sergio, Richard, Isa, Álvaro, Carlos y un servidor)
 
6.- Finalmente, ayer corrí la Cursa de Sant Esteve en Llagostera. Por segundo año consecutivo tocó competir el día 26 de diciembre.  Se trata de un 10K (según el GPS, exacto) bastante exigente, que transcurre por pistas forestales, campos y el asfalto de las calles de la localidad. Un ambiente muy sano presidió las 2 horas que estuvimos por allí calentando, corriendo, hablando y comiendo.
 
Antes del paso por el km 1, Josep Viñolas, vencedor del Triatlón de Elche entre otros, ya había roto la carrera a base de un ritmo que se podría calificar de cómodo en llano, pero que debido a las constantes subidas del primer tramo urbano resultaba un tanto duro. Afortunadamente, pude pegarme a él y ya no nos separamos hasta cruzar la línea de meta en la co-primera posición.
 
(A punto de llegar a meta los dos)
 
¡Felicidades Josep!
 
Lo dicho, volvemos a la carga literaria.

sábado, 29 de septiembre de 2012

5º en Menorca

Todos los triatletas estábamos dentro del agua. Había otros como yo tiritando a pesar de que solo nos cubría hasta la cintura. Sentía ansias por empezar, pero no para liberarme de los nervios de la salida, sino para entrar en calor. En todos los casos, siempre se aguanta mejor un exceso de calor que una pizca frio (mi opinión). La línea de salida era amplia, lo que significaba que no había forcejeo para encontrar el sitio de partida. Los favoritos Clemente Alonso, Xavi Llobet, Olivier Marceau y Santi Pellejero miraban al horizonte. Ellos marcarían el camino a todos los demás. Me situé detrás del triatleta del VO2 no con la intención de seguirlo, sino sabiendo que a sus pies se abriría una fantástica senda.
 
(Segundos antes de la salida)
 
Un leve y dudoso bocinazo, aparte de comprobar nuestra agudeza auditiva, marcó el arranque del Extreme Man - Menorca 2012. Un mar de gorros naranjas y algunos azules (pertenecientes a los relevistas) robaron protagonismo a la calma con la que se levantaba el día en el puerto de Fornells. Solo fueron necesarios 100 metros para clarificar las posiciones. Los cuatro citados anteriormente empezaron a abrir hueco, Juanan Fernandez, triatleta mallorquín, se situó a su estela y sabía que Cristian Cofiné (compañero de club) no podía andar lejos. Hasta la primera referencia creo que iba a pies de Juanan, pero su ritmo ligeramente superior al mío me cortó. Algún gorro azul tímidamente me rebasaba hasta que una chica que venía a mis pies incrementó ligeramente la frecuencia de brazada. Así, después de recorrer unos 1000 metros, opté para esconderme detrás de aquella sirena. Un rápido análisis mientras nadábamos en paralelo me condujo a concluir que podía fiarme perfectamente de su orientación. Segunda referencia a la derecha. Ya solo quedaba, aproximadamente, un tercio del recorrido. Fue entonces cuando apareció Cristian para que juntos completásemos los últimos 500 metros detrás de la relevista femenina. Tocamos tierra en la quinta y sexta plaza.
 
(Persiguiendo a nuestra sirena)
 
La más rápida de las T1 de todos los participantes me lanzó con fuerza a por los 85 km de bici. Como no podía ser de otra forma, pronto me alcanzó Cristian rodando muy deprisa. Aunque él mismo me confesó que no llegaba muy bien de forma, volaba por los toboganes previos a Es Mercadal; donde empezaba la primera de las dos subidas que tenía cada una de las tres vueltas. La exigencia de estas dos breves ascensiones era grande, no era cuestión de perder ese fantástico ritmo. “Comer y beber, comer y beber” me repetía constantemente. Cuando las sensaciones son buenas te olvidas de todo, solo vives el momento y no recuerdas lo importante que es el futuro inmediato. Nos relevábamos constantemente para compartir la responsabilidad de marcar el ritmo. Nadie venía por detrás, por delante solo asfalto. Asfalto que engullíamos como agua después de un duro entrenamiento de verano. Primera vuelta terminada. A lo largo de la segunda empezamos a doblar triatletas. A pesar de que manteníamos nuestra velocidad de crucero las referencias con respecto a la cabeza de carrera aumentaban, de hecho tampoco era una novedad. Segundo giro al circuito completado. Continuábamos rodando en el TOP 10. “Solo un poco más” pensaba. Otro gel. Sorbo de isotónico. Nosotros  seguíamos luchando juntos, aunque separados por los 7 metros reglamentarios, contra el cronómetro. Pero a falta de 10 km para entrar a Fornells, dos triatletas que llegaron por la retaguardia nos superaron con gran facilidad. Quedaba poco y todo en terreno favorable; valía la pena sufrir y seguir a aquellos dos superdotados ciclistas hasta poner pie al suelo.
 
(Buscando la posición más aerodinámica encima de la bici)
 
Otra buena transición me demostraba que seguía conectado. Cruzar la meta dentro de los 10 mejores sería magnífico, pero en aquel momento no renunciaba a nada. Antes de completar el primer km de la media maratón ya me situé en la 6ª posición. Con casi tres horas de competición el cansancio físico empieza a dejar huella y es ahí cuando el trabajo psicológico adquiere su máximo esplendor. Todos los inputs hasta el momento eran positivos, y la cabeza, un ente a veces independiente, lo entendió a la perfección y solo ordenaba avanzar. La primera vuelta sirvió para tomar referencias, aunque mi padre, siempre atento, ya se encargaba de cantármelas.
 
(Intentando no perder la técnica)
 
“Malditos calcetines”. No se puede innovar durante una carrera, pero aun sabiéndolo decidí usar unos calcetines casi nuevos. El dolor de pies era muy molesto y al empezar el segundo giro paré para deshacerme de ellos.
 
(Momento en el que aligeraba peso)
 
Los km iban desgranando una cuenta atrás larguísima en el tiempo. Las distancias con Juanan y con Santi se iban recortando metro a metro. “¿Qué pasaría si acabase cuarto?”. La subida a la torre de Fornells era una tortura. Después de descenderla por segunda vez, y sin referencias de nadie debido a que la mayoría de triatletas ya estaban en el circuito, mi padre me advirtió de que tenía a Juanan y a Santi justo delante. Recuerdo que en aquel momento la adrenalina era máxima. Hasta entonces mi ritmo no se había resentido. Animé a Santi y me fui a por Juanan. “¡Si he llegado hasta a él será porqué no tiene más!” parecía lógico pensar. Eso me motivó a adelantarlo para intentar dejarlo fuera de combate. Desafortunadamente para mí, ni se inmuto, mostrándome que tenía reservas. Creo que fue en ese instante cuando me conformé con la quinta plaza. Sus dos cambios de ritmo, aunque después del primero le recuperé la distancia perdida porque se paró a beber, terminaron con mi resistencia. Juanan fue justo vencedor del duelo físico y psicológico. Los últimos 5 km los sufrí muchísimo. Mi amplitud de zancada cayó estrepitosamente, pero la renta con los perseguidores era más que suficiente. No supe disfrutar del momento hasta entrar en el carril que conducía a la línea de meta. Allí el calor de la gente consiguió que me olvidara de todo. El momento fue mágico. QUINTO… QUINTO…
 
La felicidad era máxima. La satisfacción, como diría Guardiola, eterna.
 
(Después de cruzar el arco de meta)
 
Juanan y yo nos fundimos en un abrazo. Luchamos para ser el mejor de los no profesionales. Un final realmente emocionante. Una carrera magnífica ¡Felicidades!
Clemente, Llobet y Marceau (el podio en este orden) son profesionales reconocidos, contrastados y con un gran bagaje. Todo un placer estar tan cerca de ellos.
 
Felicitar a Cristian Cofiné (hicimos un trabajo en equipo excelente. Acabó primero de su grupo de edad), a Andreu Marimón (yendo a más hasta cruzar la meta en una meritoria 8º posición), a David Rovira (que a pesar de no tener su día siempre da la cara) y a todos los que acabaron la prueba.
 
 
Agradecer a Bioibérica y a sus caras más visibles en Fornells (las dos Cristinas e Itziar) que se hicieran cargo de mi inscripción.
 
(Junto a Itziar, Cristina Polo y Cristina Martínez)
 
Algo que siempre he querido decir: “Agradezco el apoyo de mi patrocinador; Sant Hilari Sacalm”.
 
En definitiva, un fin de semana de cuatro días en Menorca mejor acompañado que nunca:
 
(Mi madre)

(Mi padre)

lunes, 17 de septiembre de 2012

El río vuelve a su cauce

La inspiración y la motivación a veces se fugan, y no solo a la hora de practicar deporte, sino en acciones mucho menos cansadas físicamente hablando, como escribir. Miles de segundos se ha llevado el reloj antes de que volviera a visitar mi espacio, mi ventana a la red. A lo largo de las semanas que siguieron al abandono del Pont de Suert estuve muy despistado a lo que entrenamientos se refiere. Las condiciones climatológicas de la “ciutat comptal” tampoco eran un “input” positivo de cara a remediarlo. En aquellos días prefería la tele a las gafas de natación, el sofá a la bicicleta y las chanclas a los zapatos de correr.

No me gustan los tópicos, pero hay uno de ellos que habla de subidas y bajadas, de que después de una, viene la otra; de los puntos de inflexión. Así, los TRIstes días a lo que deporte se refiere de la primera quincena de agosto (insisto, solo a lo que deporte se refiere. Muy diferente que en el caso de Cristiano Ronaldo), dejaron paso a las alegres jornadas hasta día de hoy. Sin ir más lejos, ayer por la mañana participé en una marcha popular de montaña de mi pueblo, Sant Hilari, y a pesar de ser un recorrido exigente y no muy adaptado a mis características físicas, si pude disfrutar como hacía tiempo que no conseguía hacer. La primera mitad de carrera yendo con el vencedor, el joven atleta del CA Lloret-La Selva Arnau Turon, y la segunda ya en solitario, sufriendo en silencio.

(Junto a Arnau. Foto gentileza de mi madre)

Pero esas buenas maneras no eran nuevas. Hace un par de semanas salieron a relucir tímidamente en el Triatló de Catalunya, en Banyoles. Con un cartel de lujo y con la incógnita de saber exactamente como me encontraría, era una quimera pensar en revalidar el 8º puesto del año anterior. Esta vez en el agua sufrí más de lo habitual, saliendo rezagado del grupo donde creo que debía estar. La concentración juega un papel importantísimo, y comenzar sin ella es una fatal decisión. De todas formas, aun quedaba pescado por vender y rápidamente se formó un grupo interesante con el que a priori se podría compartir esfuerzo sobre las dos ruedas.

Entrábamos a colaborar frecuentemente en los relevos 4-5 triatletas, mientras que los veinte restantes se mantenían a la expectativa. Escondidos en la tranquilidad de la rueda ajena. Parecía interesante intentarlo, los que movíamos el grupo teníamos ritmo. Así, después de hablarlo, se encadenaron varios ataques, la mayoría de ellos lanzados por Lluís Vila (siempre un espléndido aliado en el sector ciclista) y un servidor, hasta que en uno de ellos conseguimos escaparnos y formar un grupo de 6 con ambición y ganas de empujar. Entre ellos estaban Jordi González y Sergio García, compañero de club. A partir de entonces, las arrancadas se convirtieron en relevos largos y sostenidos, con la única finalidad de avanzar. Durante esos 40 km pude sentir como las bielas de la bici formaban parte de las piernas, moviendo desarrollo con gran agilidad.

(Justo antes de la T2. Con Sergio García)

(Empezando a correr con Lluís Vila)

A pesar de haber sido generoso en el esfuerzo hasta el momento, creía poder seguir con la misma línea. Pude transicionar rápido, pero al empezar la carrera a pie un molesto dolor en la zona abdominal me impedía conseguir la verticalidad. Lógica y desafortunadamente, no podía rendir al máximo. Durante esos compases me convencía de que ese dolor era pasajero, y de que pronto desaparecería. Iba perdiendo posiciones a un ritmo vertiginoso hasta que milagrosamente, sobre el km 5, el dolor se esfumó. La rabia y la frustración dejaron paso al alivio y a la alegría. Todos los sentidos estaban activados de nuevo y una nueva carrera de 5k se estaba por llegar. Era capaz de correr muy rápido. Sin reservar nada pude recuperar progresivamente posiciones, hasta entrar en meta el 21º de la general.

Aunque me hubiese gustado poder luchar para aparecer más arriba en la clasificación, no puedo negar que acabé con el convencimiento de que han vuelto las mejores sensaciones. Ideal para afrontar el próximo reto, el EXTREME MAN Menorca. Voy a hablar de la prueba a lo largo de esta semana.

Gracias a los puntos sumados por Albert Reig, Richard Calle y Rubén Barrio, ganamos de nuevo la liga catalana de triatlón. ¡Felicidades a todos!

(Foto de familia para celabrar la proeza)

martes, 17 de julio de 2012

Pont de Suert; el amargo abandono

Con la idea de que fuese el último triatlón de esta primera parte de la temporada, salimos el sábado destino Sort, que tiene la administración de lotería más laureada de todos los tiempos, para el domingo desplazarnos al Pont de Suert con el fin de afrontar el campeonato de Catalunya absoluto de triatlón. El estado de forma en el que me encontraba no era ni mucho menos el idóneo. La fatiga hacía ya semanas que retumbaba por mis cansadas piernas. Poder repetir un resultado como el del año pasado en Banyoles (8º absoluto) era una auténtica quimera.

Fue una natación extraña por su facilidad. Habiendo una inscripción de más de 400 triatletas se podía prever algo de jaleo en el inicio. El agua, fresquita, obligó a que tuviésemos que enfundarnos nuestros neoprenos. Salida. Primeros 100 metros y una gran duda me acechó. Según habían informado había que completar el triangulo acuático siguiendo el sentido de las agujas del reloj, pero tuve la sensación que la punta formada a mi derecha, con los mejores nadadores, iba en sentido contrario. El punto de vista des de la cota del agua me jugó una mala pasada y realicé un ligero cambio de dirección. Una pérdida absoluta de tiempo y desafortunadamente no pude formar parte del grupo en el que creo que debía estar.

(Salida del agua en solitario)

Una T1 complicada (básicamente porque estaba ubicada en una subida) me dejó mermado para los primeros km de bici. El colapso de mis piernas no me permitía conectar con dos triatletas que tenía a escasos 50 metros. De todas formas un grupo potente comandado por Juarez del Mataró nos absorbió. Poco después otro pequeño pelotón con Soler (también del Mataró) en cabeza permitió que se formase el primer gran grupo. Por delante sobrevivían tres pequeños lotes de ciclistas. Los dos citados triatletas, mostrando un gran potencial sobre la bici, se fueron mientras que a nosotros nos costó una vuelta llegar a entendernos. Vila, Queralt, Martin, Merino y alguno más, empezamos a entrar a los relevos. El circuito transcurría en una carretera con dos puntos de giro a unos 6 km de Pont de Suert. Primero con una clara tendencia a subir, para luego girar sobre nuestros pasos y aprovechar el terreno favorable. Un trazado muy aburrido.

A falta de unos 5 km para calzarnos las zapatillas de correr, pudimos enlazar con el grupo de Sergio García, León y Ruvireta entre otros. Ahí había la 15º plaza.

Durante el segmento ciclista ya notaba que iba al límite. Apenas bebí. Y aunque participé activamente en los relevos, después de cada uno de ellos tenía dificultades para recuperar. No era capaz de, como dice Perico Delgado, acompasar la respiración con cada pedalada.

Empecé a correr con facilidad y agilidad. Fue un espejismo. Tenía el pecho cargado, las piernas muy adoloridas y por la cabeza rebotaba como el eco en las montañas la palabra abandono. No es fácil tomar esa decisión. Miento. Es fácil abandonar. Uno podría llegar a acostumbrarse a abandonar ya que de esta forma no se sufre. Lo realmente difícil del acabar antes de tiempo es el post-carrera. “Todos han sufrido, todos han terminado, todos han triunfado”, piensas. Todos excepto el que ha abandonado. Esa es mi visión del abandono, aunque unas pocas veces, y por motivos de salud, puede estar justificado. No es el caso del domingo. Cuando Carlos Mir, tercer hombre del club en la clasificación, me pasó, la retirada se consumaría enseguida.

(Al final terceros por equipos con Reig, García y Mir) 

Destacar a 4 nombres propios. Primero a Serrano, Parreño y Moreno, que coparon los tres cajones del podio. Y segundo felicitar al que creo que fue el hombre del día: Albert Reig, amigo y compañero a quién le salió un triatlón antológico (aunque él no lo reconozca), manteniendo la tercera plaza hasta a falta de 2 km para meta. Se colgó una medalla de chocolate amargo que poco a poco ganará en proporción de azúcar y pronto le sabrá a oro.

Hoy, sentado en el sofá de mi casa con un resfriado de caballo y unas decimillas de fiebre, puedo decir que toca descansar para recuperar la alegría y afrontar esos atractivos próximos meses de septiembre y octubre que vienen.